Santa Biblia versión Reina Valera 2000 / Libro Salmos / Capítulo 39
Capítulo 39 del libro Salmos de la Biblia
Sal:39:1 Al Vencedor, a Jedutún: Salmo de David. Yo dije: Miraré por mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, entre tanto que el impío fuere contra mí.
Sal:39:2 Enmudecí en silencio, me callé aun de lo bueno; y se alborotó mi dolor.
Sal:39:3 Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego; y hablé con mi lengua:
Sal:39:4 Hazme saber, SEÑOR, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuánto tengo de ser del mundo.
Sal:39:5 He aquí como a palmos diste a mis días, y mi edad es como nada delante de ti; ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. (Selah.)
Sal:39:6 Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta; allega, y no sabe quién lo cogerá.
Sal:39:7 Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está.
Sal:39:8 Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por escarnio del loco.
Sal:39:9 Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste.
Sal:39:10 Quita de sobre mí tu plaga; de la guerra de tu mano soy consumido.
Sal:39:11 Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces consumirse como de polilla su grandeza; ciertamente vanidad es todo hombre. (Selah.)
Sal:39:12 Oye mi oración, oh SEÑOR, y escucha mi clamor; no calles ante mis lágrimas; porque peregrino soy contigo, y advenedizo, como todos mis padres.
Sal:39:13 Déjame estar delante de ti, y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.